1 de febrero de 2009

Juno

"Me horrorizan las alturas" confesó con el rostro serio sin ni siquiera mirarme. Y decir aquello no le fue nada fácil, pues ahora sé que Juno es orgullosa y jamás desearía mostrar sus debilidades y, menos a un total desconocido, como lo era yo en aquel momento. Nunca mira directamente a los ojos cuando habla de sí misma y aquella no fue una excepción. Agacha la cabeza y juguetea con lo primero que tiene a mano; el sobre del azucarillo de un café, una servilleta de papel, los cordones de la sudadera, el bajo de su camiseta...algo que la mantenga distraída mientras se explica. Si no lo hiciera así, se le empañarían los ojos y alguna lágrima fugitiva podría escapar de su verde celda y odia llorar. Odia que los demás la vean llorar, de ahí, deduzco, esa especie de maniobra de distracción.
Juno casi siempre sonríe; es risueña por naturaleza y, sin embargo, en aquel instante su gesto estaba contrariado y su mirada era dura y fría como la de la diosa. En su sonrisa reside su principal atractivo, pero no es muy consciente de ello, ni de las muchas miradas que acarrea, incluyendo la mía, debo admitir, desde aquella primera tarde en mi consulta. Fue allí donde acabé siendo confidente de su dramático secreto, aunque, en ese instante, todavía no me lo pareció; "el miedo a las alturas es una patología bastante común -traté de explicar restándole importancia- no es grave y puede superar..." "Soy piloto" me interrumpió. Y entonces comprendí la magnitud de su tragedia.

1 comentario:

Marisa dijo...

No sé, la verdad es que no me siento capaz de criticar a nadie, supongo que es porque necesito haber leído más y en ello estoy, je,je.
Me ha gustado mucho la presentación de tu personaje y la sorpresa del final. Sigue escribiendo, yo esperaré ansiosa la siguiente entrega. Un beso.